26 ago. 2012

LUCILLE

Tras una resaca típica de un finde simiesco
La muerte gritó desde el altar mi nombre
Le correspondí con un simple y burlesco: -No estoy presente.
A la hora de la verdad padecí ante el altar...
Me defendieron mis hombres y me levanté como pude:
-Señoría déjeme llorar solo que mi ego hoy está decreciente...

Creí encontrarme en el limbo de esa noche pero sólo era lunes,
Un tambor repiqueteaba constantemente por mis sienes,
El amarillo teñía mis carnes, ya mi color característico era.
Con el último trago de whiskey me cercioré de perder todos mis trenes.

Desperté tras un bostezo y el sonido del afilador, en una esquina.
La vida dentro de mí tomaba las riendas...pero quise morir.
Tras tambaleos propios de mi gremio en mañanas de agosto,
Y una sequedad en la boca desértica, recordé mi porvenir y en mi retina
Se reflejó el recuerdo de la noche anterior:-Lucille... -mencioné.

Aquella noche había estado con una de esas beldades estelares,
De esas que por no casarse son apodadas concubinas,
Y de las que agradecen cada caricia en la espalda. Ella era Sofía.

Conocí a Sofía bailando entre las distintas realidades,
Con un Alfa - Omega tatuado en el escarpado lomo,
Fruto de noches sin hambre más que de conocimiento puro,
Y con unos ojos dulces que me decían tales universales verdades.

Confundí su nombre...Quise decir Sofía y dije Lucille...
Ella no sabía de tal instrumento de cuerda propio de King
Y me pidió explicaciones con los ojos entintados.
Le contesté: -Mi musa es quien me dé la gana
Y no vas a ser tú la que me ponga las canas.
Se quedó bocabierta y, bajo la solana mañanera,
Me mandó al juzgado por injurias a enamoradas,
(Algo cercano al purgatorio pero sin laca de uñas).

Sentí mi vida despedazada cuando me condenó.
La pena capital iba tras la bofetada.
No me sentí mal, pero mi culpabilidad hacía lo que podía.
Sin dramas de más, me trasladé por su sequía...y llegué al bar.

No puedes esperar que un filósofo no escuche buena música
Para apagar su cerebro y sus tardes de melancolía y agonía.
Juré que no violaría a la gramática por estética
Y que este modelo de conducta solo es para poetas.
Prometido por la petaca. No volveré a ser el mismo...o a beber el mismo whiskey.


P. R. ELBAL








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